Las bases neurológicas de la confianza. ¿Sucede algo en el cerebro y en el resto del organismo cuando sentimos confianza? ¿Es algo genético o aprendido? ¿Cómo hago para influir sobre el organismo para generar confianza? ¿Qué beneficios tiene esto?

Cuando sentimos confianza, segregamos oxitocina, hormona producida por el Hipotálamo y secretada por la Glándula Pituitaria.

Se la llama la “hormona de la felicidad o del amor”, ya que se activa para dar lugar a una serie de efectos físicos y psicológicos relacionados con: cariño, confianza, fidelidad, bienestar, calma.

Suele liberarse oxitocina (en la sangre) en los momentos en que hacemos deporte, bailamos, cantamos, besamos o damos un abrazo. También cuando percibimos el cuidado, la preocupación, el afecto o la confianza de otras personas y hacia otras personas.

En las mujeres, colabora generando las contracciones del parto, y ayudando a que el útero se recupere después de dicho parto. Cuando el bebé succiona el pecho de su madre, la estimulación provoca una liberación de oxitocina, la cual, a su vez, ordena al cuerpo que produzca leche para el bebé. La oxitocina promueve el vínculo entre madres y sus crías, acentuando el interés materno en los cuidados de su prole, enormemente.

En los hombres -como en las mujeres-, la oxitocina facilita la unión emocional y el vínculo afectivo. Funcionaría como un refuerzo de la fidelidad a la pareja.

Parece jugar, además, un papel en la memoria social, la relacionada con los aspectos emocionales, reforzando las asociaciones ya existentes, ya sean buenas o malas, que tenemos con otras personas. Ayuda a conectar áreas en el cerebro implicadas en el procesamiento de la información social (lugares, caras, sonidos u olores), permitiendo así vincular esas áreas para el sistema de recompensa del cerebro. La información social se muestra así más relevante para la persona.

Bajas cantidades de oxitocina se correlacionan con trastornos de autismo y depresión.

La oxitocina, combinada con las dos sustancias neuroquímicas del bienestar que produce (neurotransmisores), la serotonina y la dopamina, activa el circuito de Empatía Provocada por la Oxitocina Humana, HOME en sus siglas en inglés:

La dopamina refuerza la sonrisa de agradecimiento que nos dan los demás cuando los tratamos bien y la serotonina nos levanta el ánimo.

Es el circuito HOME el que nos hace repetir conductas y comportarnos moralmente, al menos la mayor parte del tiempo.

El estrés, la testosterona, los traumas, las anomalías genéticas, e incluso el condicionamiento mental, pueden inhibir estos efectos. Pero mientras impidamos que estas influencias tomen las riendas, el sistema se refuerza a sí mismo.

La oxitocina (1) genera la empatía (2) que conduce la conducta moral (3), lo que a su vez inspira confianza (4), lo que a su vez provoca la secreción de más oxitocina (1), lo que a su vez crea más empatía…es el circuito de retroalimentación conductual que llamamos:

EL CICLO VIRTUOSO DE LA OXITOCINA

Observar la angustia de otras personas capta nuestra atención y nos hace experimentar algo de lo que están viviendo. Ello puede provocar la secreción de oxitocina, pero no si nuestro propio malestar se encuentra por encima de cierto umbral.

La naturaleza asume que, si nosotr@s mism@s nos encontramos en apuros, no podemos dedicar tiempo y recursos a ayudar a otros.

El estrés elevado bloquea la secreción de oxitocina. En la mayoría de los casos, la oxitocina es doblemente inapropiada para alguien que se encuentra al borde de la supervivencia.

La oxitocina no sólo produce preocupación empática (compasión) –que puede llegar a obstaculizar que luches por tu vida- sino que también sofoca la amígdala, la estructura cerebral donde se registra y regula la ansiedad.

Elegir ser altruista o heroico, anulando nuestro instinto de autoprotección es otro problema, y si nos sacrificamos para ayudar a otros depende a menudo del grado de proximidad.


La oxitocina mantiene el equilibrio entre el yo y el otro, la confianza y la desconfianza, la aproximación y el alejamiento.

Cuando el cerebro segrega oxitocina, la balanza se inclina a favor de la empatía y aportamos recursos para ayudar a los demás.

Cuando el incremento de oxitocina pierde intensidad, dejamos de sentir empatía, el sistema HOME se pone a cero y nos sentimos dispuestos a evaluar la siguiente interacción que se nos presente.

Cuando la testosterona y otros factores que favorecen el castigo se apoderan del mando, estamos más dispuestos a arrojar piedras que una cuerda de salvamento.

Esto explica por qué un mando basado en exceso en los castigos es tan contraproducente.

Los vínculos emocionales, vitales para la supervivencia (como en la relación madre-hij@), tienen una base neurológica, y la oxitocina es la que da lugar a las conductas (empatía, moralidad y confianza) que permiten a personas, equipos y a la sociedad, cooperar, trabajar en equipo y prosperar en lo personal, en lo profesional y en lo social.

Para el cerebro humano -excepto en casos de autismo- el rostro humano es el objeto más significativo del universo, y atrae nuestra atención como ninguna otra cosa.  La fascinación comienza al nacer y se prolonga durante toda la vida.

En los equipos, el hecho de estar en contacto, verse, tocarse, estar cerca, conversar habitualmente y de un modo afectivo y significativo, es decir, estar visualmente relacionados y corporalmente relacionados, juega un factor muy importante para producir oxitocina, confianza y empatía. No hay confianza sin cercanía.

En los grupos humanos se ha llegado a un equilibrio entre una saludable competencia (representada por la testosterona) y un alto grado de cooperación (representada por la oxitocina). Este flujo y reflujo entre testosterona y oxitocina marca la efectividad y sostenibilidad de los grupos humanos, incluidos los equipos de trabajo y deportivos.

La conversación, especialmente la conversación rica en contenido social, fomenta la confianza que tiene el efecto de un masaje verbal o acicalamiento del oído y segrega oxitocina (entre los chimpancés se pueden ver escenas de acicalamiento corporal).

También proporciona información importante sobre la vida del grupo: “¿Quién es bueno en lo que hace? ¿En quién se puede confiar para realizar tal o cual tarea en el equipo? ¿A quién se le puede contar determinada cuestión y a quién no?

Podría decirse que el cotilleo, tan arraigado en los seres humanos, sólo ha cambiado de canales y se ha adaptado a los temas actuales (ver las redes sociales). Tales conversaciones, y los cara a cara en los equipos de trabajo tienen como propósito aliviar el estrés y reforzar los vínculos humanos.

Los responsables de todo tipo de equipos tienen que organizar y facilitar las interacciones conversacionales entre sus miembros: alivian el estrés y refuerzan los vínculos humanos.

Y esto genera mayor bienestar, mayor compromiso con los objetivos, más motivación y más altos rendimientos sostenibles y fidelización de las personas a sus organizaciones.

Los humanos también construyen vínculos ricos en oxitocina, (generadores de confianza) participando en deportes y en otros juegos de carácter amistoso.

También estrechamos los lazos humanos cuando continuamos copiando e imitando a otra gente durante la vida (las neuronas espejo facilitan la empatía y ayudan a esto).

En los equipos deportivos, esta imitación facilita el hecho de prever qué hará el/la compañer@ en una jugada. La relación refuerza la sincronización y la sincronización refuerza la relación (y no sólo en los equipos deportivos).

Es en este enclave donde lo cognitivo puede unir fuerzas con lo emocional para crear el “Santo Grial” de cada entrenador o Consejero Delegado: hacer que (en el equipo deportivo o de una empresa o institución) todo el mundo piense lo mismo de la misma forma, centrado en las mismas metas.

Los psicólogos lo llamamos “cognición”: la capacidad de saber al instante lo que significa el gesto o el movimiento de otra persona, cuál es su objetivo y cómo se puede relacionar con otras acciones y acontecimientos pasados, presentes o futuros.

Pensemos en el pase “a ciegas” en baloncesto, o la forma en que los músicos de jazz tocan intuitivamente juntos cuando improvisan. No hay nadie dando órdenes, pero todo el mundo sabe lo que tiene que hacer.

¿Te gustaría que tu equipo deportivo, o el de tu empresa o institución funcionaran de este modo?

La clave está en la generación de la oxitocina, la empatía, las conductas éticas y la confianza; en una gestión basada en ello.

Y esto es posible de conseguir y deseable: por la salud de las personas y por los resultados sostenibles. Esta es la forma inteligente de trabajar en el siglo XXI.

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BIBLIOGRAFÍA

“La molecula de la felicidad. El origen del amor, la confianza y la felicidad“. Paul Zak. Editorial Indicios.

“La velocidad de la confianza. El valor que lo cambia todo”. Stephen M. R. Covey, con Rebecca R. Merrill. Editorial Paidos Empresa.