¿Qué sucede en ellas cuando gestionamos desde el Paradigma de la Simplicidad?

Empresas e Instituciones 2

II. Gestión desde el Paradigma de la Simplicidad

En el anterior artículo hablamos del Paradigma de la Simplicidad. Ahora hablaremos de las consecuencias en empresas e instituciones. 

  1. Disyunción. Separar lo que está unido. En el mundo de las empresas y las instituciones, lo vemos cuando, por ejemplo, separamos el rendimiento y la rentabilidad, de la sostenibilidad de todo el sistema, personas, y recursos financieros y otros recursos materiales. Sin embargo, ambas cuestiones están indisolublemente unidas. ¿Cómo no prestar atención y procurar el máximo rendimiento y rentabilidad posibles sin, al mismo tiempo, tener políticas de liderazgo, administración, producción, venta, logística, transporte, medioambientales y de cuidado y desarrollo de las personas que integran dicha organización?

Todos pierden. Nadie gana. Por esto es insostenible y se necesita cambiarlo.

  1. Reducción. Reducir lo complejo a lo simple. En el mundo de las empresas e instituciones, se puede observar en la visión y la acción fragmentada, no sistémica, desconectada, de muchas políticas de gestión. Se verifica cuando los miembros de un departamento se centran en exclusiva “en sus propias tareas”, desligándose, minimizando o entrando en permanentes conflictos (habitualmente de baja intensidad) con otros departamentos. Y es así que cada uno cree trabajar en islas separadas del resto, incluso olvidando el propósito de su trabajo: servir a otros: clientes, ciudadanos, usuarios. En este tipo de situación, los recursos de tiempo, dinero y energía mental, se derrochan en interminables conflictos, ineficiencias, malestares, pérdidas de calidad de productos, servicios o atención a clientes internos y externos, que son vistos como una molestia o un mal con el que hay que convivir…la mediocridad se instala.

Pierden los trabajadores, los empresarios, los proveedores, los clientes o usuarios, la sociedad toda. Todo se degrada. Es insostenible. Merece ser cambiado.

  1. Abstracción. No concebir la conjunción de lo uno y lo múltiple. O unifico abstractamente anulando la diversidad o, yuxtapongo la diversidad sin concebir la unidad.

En el mundo de las empresas e instituciones esto se manifiesta en una doble vía: niego, desvalorizo o minimizo las diferencias entre las personas de la organización (gestionar la diversidad ya no es que sea importante en el mundo globalizado en que vivimos: ¡¡¡es que es imprescindible!!!); o me enfoco tanto en sus diferencias que no puedo ver su unidad: ¿Y dónde están: el propósito, la visión, los objetivos, las necesidades y los intereses comunes entonces? En cada organización, cada persona, es una parte y a la vez representa el todo: los valores, la cultura, el propósito de cada una de sus conductas, todo ha de estar alineado y estar conectado. Como en la sociedad: soy una parte y a la vez en mi está toda mi cultura. Me influye el todo y yo influyo sobre el todo.

Cuando no es así, hay alienación: una sensación y un conjunto de actitudes y conductas que me alejan y me separan de lo común y global, o lo macro me niega en mi especificidad. Entonces bajan los niveles de compromiso y responsabilidad de las personas. Y se instauran mecanismos de control para compensar esto. Y llega el autoritarismo, “el juego del gato y el ratón” o la sobreprotección paternalista. Cualquier cosa menos asumir la común corresponsabilidad. Dejamos de lado la adultez, y nos comportamos como críos. Nos desentendemos salvo de lo indispensable para “sobrevivir un día más”, o ganar lo más posible en el menor tiempo posible. Y esto termina siempre minando a las personas y a la organización. Como en el cuento de la rana y el escorpión, nos hundimos todos.  

¿Cuál es la salida a esto? Liderar, gestionar y trabajar, desde el Paradigma de la Complejidad. En el próximo artículo lo veremos.

Gustavo López Behar
Coach, Formador-Consultor
Director Académico de Quantumbcn