En los últimos 30 años se ha venido produciendo en el mundo (con desigual desarrollo en los distintos continentes y países, aunque ya generalizado a todos) un acelerado proceso de cambios, como quizás nunca había ocurrido antes en la historia humana. Entre otros:

  1. Invención de diversos sistemas y dispositivos tecnológicos que han facilitado los procesos de comunicación, trabajo, estudio y relaciones sociales, a niveles locales e internacionales: ordenadores de gran capacidad y relativo bajo coste, tabletas, teléfonos inteligentes, internet ya extendido globalmente, video conferencias, etc. La digitalización de los procesos en las empresas y organizaciones de todo tipo ha sido total.
  2. Aparición y difusión global de las redes sociales: Facebook, LinkedIn, Twitter, etc., con su consiguiente impacto en la forma de comunicar, conectarse por trabajo, ocio o estudio, uniendo de este modo a millones de personas y organizaciones en todo el mundo y provocando que la información viaje más rápida y globalmente.
  3. Mayor acceso de personas a la educación y formación profesional, formales e informales, a costes bajos y a veces de modo gratuito.
  4. Desaparición, en casi todos los sectores de la economía, de monopolios de productos o servicios, apareciendo una ingente competencia con ofertas diversas y cambiantes, obligando a todas las empresas y organizaciones a innovar, bajar sus precios y adaptarse o “morir”.
  5. Extensión de diversas redes de transporte locales y globales, a relativos bajos costos, desde trenes más rápidos o de alta velocidad, a viajes en avión “low cost”, o cruceros con precios accesibles a mucha gente, todo lo cual ha facilitado, el turismo y los viajes de negocios o de estudios, y como consecuencia, el mayor conocimiento de culturas, personas, formas de trabajar y vivir y productos y servicios antes desconocidos.
  6. Intercambios de estudiantes (Erasmus en Europa, y otros) entre países, lo cual también ha permitido conocer y vivir de primera mano cómo se piensa, se siente, se hace, se produce y se negocia, en otros países ajenos al propio.

Por todo lo dicho, se ha disparado, con una rapidez inusitada, el proceso de globalización, y con ello: LOS CAMBIOS SON YA PERMANENTES, MÁS PROFUNDOS, INEVITABLES, Y, EN MUCHOS CASOS, DESEABLES.

Por ello, el nivel de conocimientos, exigencias, necesidad y deseos de cambio, flexibilidad y adaptación, tanto de productores como de consumidores, de los ciudadanos en general, se ha potenciado. La necesidad de crear, innovar, ser flexibles, adaptarse y mejorar, son ya imprescindibles y es algo que ha venido para quedarse, ya es rutina.

Existe una “realidad externa” de los cambios, ya comentada arriba. Y existe una “realidad interna” de los cambios, a la que ahora me referiré.

El proceso de cambio, como necesidad y/o deseo, comienza en nuestro cerebro. Implica una serie de creencias, valores y modelos mentales, una serie de emociones y unas conductas que han de convertirse en hábitos. Y más tarde, implica una serie de procesos que hay que sistematizar a la hora de estudiar, producir, relacionarse, comunicarse, viajar, comprar, etc.

El modo en que esto se facilita, será motivo de reflexión en otro artículo

Por otro lado, de forma inmediata, nos bien a la mente, al hablar de cambio, la “resistencia al cambio” (tema que abordaré también en otro artículo). Lo cual nos lleva pensar en los obstáculos que nos impiden cambiar y en cómo resolverlos.

Nadie ha dicho que cambiar sea un proceso donde todo fluya irremediablemente. Sin embargo, no tenemos más opción, personas y empresas/organizaciones, que cambiar, ser flexibles, adaptarnos, crear e innovar.

En síntesis, cambiar ya no es una opción. Es una inevitable necesidad para tener una “adaptación activa a la realidad”, como decía uno de mis maestros, Enrique Pichon-Rivière (*)

 

Gustavo López Behar

Psicólogo & Coach

Director de Quantumbcn

(*) Creador de la Escuela Psicología Social Argentina