El cerebro y las habilidades directivas.

Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender. Herbert Gerjuoy.

Los cambios vertiginosos a nivel tecnológico, cultural, industrial y corporativo constituyen un nuevo escenario para directivos, managers, profesionales autónomos y emprendedores o futuros emprendedores.

A diferencia de lo que pasaba tiempo atrás, es altamente probable que en el ciclo de vida laboral, el profesional tenga que reinventarse y adaptarse a nuevos contextos en más de una oportunidad. Por ello, además de los competencias técnicas, los líderes modernos necesitan desarrollar una serie de habilidades directivas relacionadas con competencias conductuales, emocionales y sociales que les permitan resolver todas sus necesidades de cambio, adaptación y respuesta en entornos cada vez más complejos y dinámicos.

Estas habilidades directivas basadas en las neurociencias suponen una nueva forma de gestionar y aprender en lo individual y en lo organizacional. Para ello, estudia los procesos cerebrales que explican el desempeño en cuestiones clave de cualquier negocio y/o empresa: la toma de decisiones, la resolución de conflictos, la motivación, la inteligencia emocional, la creatividad y la innovación, la gestión del cambio, del tiempo y del estrés, la comunicación y otros tantos aspectos vinculados al ejercicio del liderazgo.

No obstante, todas esas cuestiones clave hoy, suceden dentro de un contexto en el que ciertas variables se han vuelto una constante: exceso de información, multitareas, presión por los tiempos, por los resultados e incertidumbre. Por ello, debemos aprender a gestionarnos considerando este nuevo escenario como regla y no como excepción, entendiendo qué sucede en nuestro cerebro mientras todo transcurre para entender por qué actuamos como actuamos.

Y en medio de semejante complejidad, pensemos:

¿Cuánto hace que, a pesar de lo que los estímulos cambian y se multiplican constantemente, no cuestionamos nuestras creencias y nuestras maneras de hacer? O cambiando la forma de preguntar, ¿cuánto hace que cometemos sistemáticamente los mismos errores? ¿Por qué nos bloqueamos siempre en la misma instancia de un proyecto? ¿Qué es lo que nos impide desarrollar nuevas perspectivas o tomar decisiones con claridad y confianza?

Hoy, gracias a la neurociencia, sabemos que el cerebro es un órgano de gran plasticidad, por ello, el desafío de los profesionales de esta nueva era consiste en propiciar la formación de determinadas conexiones neuronales, volverlas dominantes y potenciarlas en pos del liderazgo de excelencia.

Pero, por supuesto, un liderazgo de excelencia es producto, siempre, de un autoliderazgo de excelencia en primer lugar. Necesitamos partir del autoconocimiento, saber dónde estamos, qué tenemos, qué nos falta y qué necesitamos. Por ejemplo, cada uno de nosotros podría dar su versión de cómo es su comportamiento frente a hipotéticas situaciones, pero siempre el cerebro estará ejecutando su automatismo para confirmar sus creencias, defender lo que ha aprendido y evitar el cambio.

¿Acaso el cerebro es perezoso? 

Fuera de si es o no es “vago”, se resiste al cambio y lucha por defender lo que sabe. Por ello, los profesionales de Quantumbcn han desarrollado el Experto en Habilidades Directivas y Neurocienciasque nos permite desarrollar un profundo conocimiento de nosotros mismos y de nuestras competencias conductuales, emocionales y sociales.

Sólo partiendo de esta auto-comprensión y aplicando las herramientas adecuadas que nos permitan “sortear” los automatismos inconscientes de nuestro cerebro, es posible acceder a una mirada transparente, a una “foto” de nosotros mismos en el momento presente. Por ejemplo, el Test DISC, mide estilos predominantes de comportamientos personales y profesionales y nos permite conocer cuáles son nuestros niveles de:

  • Decisión: cómo respondemos ante los problemas y los desafíos.
  • Interacción: cómo nos relacionamos e influimos en los demás.
  • Serenidad: cómo respondemos a los cambios y el ritmo de las cosas.
  • Cumplimiento: como respondemos ante las reglas y los procedimientos establecidos.

Cuando tomamos conciencia de dónde estamos y de qué tenemos, es mucho más simple diseñar un plan de acción y desarrollar o mejorar todo lo que necesitamos para llegar hasta donde queremos llegar; y lo mismo ocurre con las competencias emocionales y sociales.

Esta certificación, además de permitirnos sumar valor curricular y aumentar nuestro profesionalismo, nos brinda las herramientas para optimizar al máximo nuestros recursos personales: aumentar la claridad en la toma de decisiones, maximizar nuestro rendimiento ante eventos inesperados o situaciones límite y gestionar la presión por los resultados.