“Que las fuerzas te acompañen…”

 

En un capítulo de su cautivante libro “FLOURISH: A Visionary New Understanding of Happiness and Well-Being ”, en el que describe y explica el concepto de indefensión aprendida*, Martin Seligman, reconocido autor norte-americano y eminencia de la Psicología Positiva, relata cómo, habitualmente, la psicología y los modelos médicos ven las cosas a través del prisma de la patología y se concentran sobre los efectos tóxicos de los eventos adversos. Seligman plantea y demuestra cómo, la psicología y la medicina, se transforman radicalmente cuando las abordamos desde una perspectiva opuesta, es decir, cuando favorecemos los efectos reforzadores de los eventos benéficos.

Trasladada al mundo empresarial, esta lectura nos invita a reflexionar sobre la manera en que muchas organizaciones intentan gestionar y optimizar el rendimiento de sus equipos.

Muy a menudo, y sin duda alguna con las mejores intenciones del mundo, los modelos de Performance Management se basan en la voluntad de corregir comportamientos para así influir sobre las competencias del trabajador. De hecho, muchas, sino la mayoría de las políticas de Gestión del Talento en las empresas, incluyen procesos de seguimiento de aquellas competencias que el empleado no domina o programas de formación que aportan aquellas competencias de las que carece, lo que supone muy a menudo inversión en tiempo y dinero.

Obviamente, nunca es vano actuar sobre las competencias con acciones correctivas, sean cuales sean, de la misma manera que necesitamos tomar medicación cuando nos enfermamos. Un proceso sólido de Performance Management deber incluir herramientas para detectar lo que no funciona y desarrollar planes de acción que ayuden al empleado a corregirlo y a mejorar.

No obstante, volviendo a la analogía que intento hacer con los estudios de Seligman y enfocándonos sobre los aspectos positivos, más impactante, en cuanto al rendimiento del empleado, es potenciar aquellas competencias que domina y que la empresa ha detectado como sus puntos fuertes, por el simple efecto exponencial que esto supone:  el manager que sabe sacar provecho (en el más noble sentido de la palabra) a las habilidades de cada miembro de su equipo e incluso desarrollarlas todavía más,  no solamente añadirá valor a corto plazo, sino también, por estar actuando – incluso sin saberlo – sobre el compromiso (“engagement”) de su plantilla, pondrá en marcha un círculo virtuoso en el cual la motivación (“la empresa reconoce mis talentos y construye sobre ellos”) induce productividad, y la productividad (“soy eficaz en mi trabajo”) induce motivación.

Años atrás, Peter F. Drucker (“Managing Oneself”) ya insistía en que, para alcanzar la excelencia, no cabe perder mucho tiempo en cultivar áreas en las cuales se tiene poca o no se tiene competencia, sino concentrarse e invertir en las fuerzas de cada uno.   Actuando así, ¿no estamos diciendo a nuestros equipos “que las fuerzas te acompañen”?     *De manera muy resumida (y por consecuencia incompleta), la indefensión aprendida es aquel fenómeno que hace que un individuo (o un animal) quien, por haber estado sometido repetidamente a situaciones penosas o doloras sin poder actuar (por ejemplo un ruido difícilmente soportable que no puede detener y sin poder huir), se vuelve totalmente pasivo y renuncia a cualquier tipo de esfuerzo cuando se ve confrontado a nuevas dificultades.  Photo David Gutierrez 12 oct 2015 (2) (1)

David Gutierrez Recursos Humanos- Quantumbcn